Amanece en Santiago del Estero. El mágico color naranja del cielo cubriendo el río Dulce genera un maravilloso encanto en los campamentos. Los pescadores se despiertan exaltados. Han pasado la noche abrazados a un sueño amarillo. Mueven las brasas del fuego para que el agua de la pava o del jarro hierva lo más rápido posible. Es la hora de analizar estrategias y técnicas para afrontar un desafío único, insuperable: estar listo para encontrar ese monstruo llamado dorado y que está ahí, refugiado en una empalizada, esperando regalar emociones.
En la tierra de las chacareras y de violines chillones que parecen el estridente canto de los grillos se vive un momento único. Desde su nacimiento, en los chorros del lago, hasta allá bien lejos en Telares, pasando por el mítico dique Los Quiroga, deteniéndose en el encantador Loreto, sin dejar de mencionar la república de Atamisqui, las sensaciones son siempre las mismas: los “amarillos”, como se conoce popularmente a los ejemplares de la especie, han resucitado.
Al mediodía, cuando la carne y los chorizos hacen llorar a las brasas del fuego hecho con leña robada de los agrestes montes del lugar, llega el momento de compartir las primeras experiencias de la jornada. Los pescadores, en charlas matizadas con un buen tinto, hacen un balance de lo que el río les dejó. Entusiasmados cuentan que el dorado, ahora que el sol está más picante, dejó de invernar.
Acompañados por el canto de las cigarras, dicen que no importa cuál sea la técnica, los “doradillos” están activos. Informan sobre las más efectivas. Dicen que se los puede capturar con carnada, con un aparejo de 30 a 40 centímetros sostenidos por una boya y con trozos de sábalos, bogas, anguilas y mojarrones como cebo. Los fanáticos del baitcasting también están felices cuando repasan los resultados que están consiguiendo utilizando señuelos tipo mojarras o los zigzagueantes paseantes. Y ni hablar de las cada vez más efectivas ranas. Los amantes del fly cast también están de parabienes. Como no ocurría desde hace tiempo, las bestias se tientan con esas moscas de plumas que simulan ser peces.
La otra cara
Comienza a caer la noche. Los deportistas ya no hablan tanto de las alegrías, sino de las tristezas que les genera ver cómo se está castigando al río. “Hay una buena cantidad de dorados porque en los últimos años se han reproducido bien. Lástima que nadie los está cuidando”, explica David “Davidchuelo” Redondo, uno de los tucumanos que disfrutó la experiencia de pescar en distintos sectores del río.
Osvaldo Díaz, mosquero de alma, sin conocerlo, coincide con el colega. “El dorado tiene mucha suerte. Tuvo dos o tres años de mucha agua que le ha permitido recuperarse sistemáticamente porque mejoró su reproducción. Si no fuera por eso, la presión de extracción que tiene habría diezmado la población. Hay muchísima depredación con redes y espineles y no sólo de tipo comercial, también de pseudo deportistas”, opinó.
Los jóvenes pescadores hablan con nostalgia. Recuerdan las charlas con familiares o de viejos conocidos que les decían que hace menos de 40 años a nadie se le ocurría ir a probar suerte en el Paraná. No hacía falta, porque en Santiago del Estero sobraban los ejemplares de dorados de más de 10 kilos.
Ellos son, en definitiva, los integrantes de una camada de deportistas que sufrió más de lo que gozó con los “amarillos” santiagueños. Aguantaron años de sequías y maldijeron la contaminación de las industrias tucumanas y a los furtivos que con sus redes asesinaban todo lo que encontraban en el río. Hoy se ilusionan y esperan la inauguración de la estación de piscicultura de Las Termas de Río Hondo, en la que supuestamente se reproducirán las especies autóctonas.
Pero también sufren porque esa ciudad se transformó en la capital de la incongruencia para los pescadores. Allí no existe un restaurante que no tenga al dorado como uno de los platos principales en su menú, pese a que las autoridades de la provincia prohiben desde hace tres años el sacrificio de los ejemplares. Eso no es todo: a metros de la oficina donde los pescadores deben sacar la licencia que los autoriza a desarrollar la actividad, los rederos se hacen un festín destruyendo la vida del río.
Amenazas y algo más
“Veo que existe muy poco compromiso por parte de los organismos encargados de controlar que no haya furtivismo y depredación en los diferentes ámbitos pesqueros de la provincia. Se lo hace cuando los peces ya fueron sacrificados y así no sirve para proteger la fauna ictícola”, explicó Carlos Álvarez, uno de los guías de pesca más reconocidos de Las Termas.
Hace un par de semanas, algunos guías y referentes de la pesca de Termas iniciaron una campaña en redes sociales para denunciar lo que estaba ocurriendo, pero las autoridades les sugirieron llamarse al silencio para no perjudicar la imagen del centro turístico. “El permanente accionar de los furtivos siempre termina arruinando una posible recuperación de la especie. Todos los días me cruzo con lanchas llenas de redes y ejemplares sacrificados que tienen como destino los restaurantes de la ciudad”, destacó Álvarez.
En medio de tanta polémica, como si fuera un cardumen de “amarillos” remontando un remanso, los pescadores no pierden las esperanzas de que las cosas cambien. “Creo que Fauna está trabajando con lo que tiene a su alcance. Pero si se tiene en cuenta lo valioso que puede ser este recurso para todo Santiago, la provincia debería destinar más fondos para incrementar los controles”, opina Díaz.
Juan José Falco, otro fanático de recorrer el zigzagueante andar del Dulce, tiene otra teoría: “en este tema hay una cuestión cultural. Cada vez somos más los tucumanos que nos enganchamos con la pesca deportiva, con la devolución. A los santiagueños les falta mucho para comprender todo esto. Por ese motivo, si queremos salvar los dorados, tenemos que hacer docencia. Transmitir y enseñar es lo único que nos queda. Es una tarea que lleva años, pero peor es no intentarlo y quedarnos sin pesca”.